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De un día
para el otro, su rostro y su cuerpo inquietante aparecieron públicamente
y, desde ese instante, su vida ya no era la misma.
Desvergonzada y avasallante, desafió los prejuicios y se
presentó sin misterios. “Soy Luciana, la sobrina de
Evangelina Salazar y Palito Ortega”.
Está claro que para nadie, y sobre todo para los hombres, su
comienzo como modelo profesional no pasaría inadvertido. Muy
feliz por haber cumplido con un sueño que traía desde pequeña,
Luciana sorprendió a todos con unas fotos que muestran sin
grises las curvas que Dios y los cirujanos le dieron. “Tengo
cero en pudor. Soy redeshinibida. Nada me avergüenza”,
confiesa Luciana, de 22 años, una edad quizá tardía para
los cánones a los que nos malacostumbraron las famosas
lolitas. “Lo que pasa es que en mi casa mo me dejaban
mucho”, explica la nueva integrante del clan Ortega, cuyas
actividades son bien distintas desde que convenció a sus
padres de que ser modelo no era nada malo.
“Estudié Derecho durante dos años y después dejé para
empezar con las clases de teatro. Pero, en realidad, mi debut
como modelo fue haciendo comerciales cuando tenía dos años”,
recuerda.
Según Luciana, integrante del staff de Leandro Rud Models, no
fue fácil acceder a las pasarelas. “Hasta me puse a llorar
para convencerlos, les pedí por favor. Mi papá es receloso y
a mi hermana mayor le choca un poco verme así en las fotos.
Pero ya se lo están bancando un poco más”.
Y la tía Evangelina es otra de las que se tuvo que
acostumbrar a ver a “la nena” con poca ropa. “Mi tía no
se incomoda al ver mis fotos. Ya debe estar acostumbrada a
todo este mundo. Ya está canchera”, asegura.
Si el camino para debutar como modelo fue complicado, parece
que mantenerse es más difícil para Luciana, pese al
apellido. “Me discriminan por ser linda y también por ser
la sobrina de Evangelina. Sin duda, esas cosas generan muchos
celos y resentimiento. Me pasó en la facultad, y por eso
abandoné y no es porque sea mala. Las chicas creen que yo me
la creo, y nada que ver”, cuenta preocupada.
Fue por eso que Luciana decidió ponerle el pecho a los obstáculos,
y lo hizo en todo el sentido de la frase, ya que prefirió
cambiar su fisonomía y agregar 5 centímetros a su busto, un
cambio que tuvo sus razones: “Quería compensar porque también
tengo mucha cola. Deseaba tener más marcado en el medio, no
era disconformidad con mi cuerpo, porque ya tenía 90”.
Con su nuevo cuerpo, el despegue tan esperado empezó y los
desfiles más calientes que se llevan a cabo en las discotecas
de Buenos Aires ya la tienen como una de las protagonistas
exclusivas.
Aunque su vida está dedicada a la moda, Luciana se anima a
revelar algunas internas que ha generado la política en su
familia, pero aclara que jamás querría intervenir en ese
mundo. “Mi papá era empresario de muebles, pero tuvo que
cerrar su empresa por la crisis. Ahora se juntó con jóvenes
justicialistas para sacar el país adelante con ideas nuevas.
En un principio estuvo con mi tío Palito, ayudándolo y
acompañándolo en la campaña que hizo por la provincia de
Buenos Aires. Pero cuando se alió con Duhalde, mi papá se
fue. El problema es que este país no le da espacio a la gente
joven, y por eso mi papá nunca pudo llegar a nada”.
Luciana, aun con el peso del apellido, no quiere repetir las
malas experiencias vividas por su padre en el ámbito de la
política, donde su familia ya había pisado firme. Por otra
parte, el apoyo de sus tíos ya lo tiene bien asegurado n
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