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De un día
para el otro, su rostro y su cuerpo inquietante
aparecieron públicamente y, desde ese instante, su vida
ya no era la misma. Desvergonzada y avasallante, desafió
los prejuicios y se presentó sin misterios. “Soy
Luciana, la sobrina de Evangelina Salazar y Palito
Ortega”.
Está claro que para nadie, y sobre todo para los
hombres, su comienzo como modelo profesional no pasaría
inadvertido. Muy feliz por haber cumplido con un sueño
que traía desde pequeña, Luciana sorprendió a todos
con unas fotos que muestran sin grises las curvas que
Dios y los cirujanos le dieron. “Tengo cero en pudor.
Soy redeshinibida. Nada me avergüenza”, confiesa
Luciana, de 22 años, una edad quizá tardía para los cánones
a los que nos malacostumbraron las famosas lolitas.
“Lo que pasa es que en mi casa mo me dejaban mucho”,
explica la nueva integrante del clan Ortega, cuyas
actividades son bien distintas desde que convenció a
sus padres de que ser modelo no era nada malo.
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